Mitos y Leyendas Griegas 1

Ulises y las Sirenas

Probablemente el relato más conocido de las sirenas sea el de La Odisea de Homero.

Después de pasar una largo tiempo en el palacio de Circe, Ulises comienza definitivamente el camino a Ítaca. La diosa, antes de dejarlo partir, le adelanta algunas de las aventuras que va a vivir en los siguientes días. La primera de ellas será el encuentro con las sirenas.

Las sirenas han sido famosas seductoras, porque según la mitología eran capaces de encantar con su voz a los marinos con la intención de raptarlos. Al cantar, parecían ser hermosas doncellas, pero los que caían en sus encantos, pronto averiguaban su verdadera naturaleza.

El canto de las sirenas anunciaba de forma engañosa los placeres del mundo subterráneo.

Las sirenas vivían en la isla de Artemisa, en donde yacían los huesos de los marineros que habían sido atraídos por sus deliciosos cantos.

Ulises,  era un hombre de gran imaginación. Cuando se iban acercando a la isla temida, por consejo de Circe, ordenó a sus hombres que se taparan los oídos con cera, y él, que no podía con la curiosidad de escucharlas, se hizo amarrar al mástil, con orden de que pasara lo que pasara, no lo desataran. Al escuchar los cantos de las sirenas quiso soltarse pero sus compañeros no se lo permitieron. Cuenta la leyenda que las sirenas, devastadas por su fracaso, se lanzaron al mar y murieron ahogadas

La leyenda de Edipo

En la leyenda Edipo es el hijo de los reyes de Tebas quienes ordenan su muerte nada más nacer para evitar el maleficio de un viejo oráculo que aseguraba que el hijo nacido de estos reyes mataría a su propio padre y se casaría con su madre. Sin embargo, el criado encargado de ejecutarlo se apena de la criatura y se lo entrega a un pastor que casualmente andaba por la región. Éste de regreso a su patria en Corinto entrega el hermoso niño a los reyes del país para que lo adopten.

Cuando Edipo crece, un día se entera del extraño oráculo y aterrorizado decide escapar lejos de los que cree sus padres. En su huida, se topa en una encrucijada con una careta que está a punto de atropellarlo.

Estalla una pelea y Edipo mata al conductor, un noble cuyo nombre ignoraba. Era Layo, rey de Tebas.

Edipo prosigue, entonces su camino, dirigiéndose precisamente a esta ciudad, pero le sale al encuentro un terrible monstruo, mitad mujer, mitad león alado, conocido con el nombre de Esfinge, que asolaba la región, destruyendo a todos aquellos que no sabían contestar certeramente a una pregunta que les hacía.

Las adivinanzas de la Esfinge eran dos:

¿Quién es el ser que al amanecer camina a cuatro patas, a mediodía sobre dos y al anochecer sobre tres?.                       Edipo da la respuesta correcta: El hombre, que en su infancia gatea, en su juventud camina erguido y en su senectud se apoya en un bastón.

La Esfinge plantea la segunda: ¿Cuáles son las hermanas que se engendran mutuamente?. Edipo vuelve a acertar: El día y la noche.

Una vez resuelto el enigma, el monstruo se suicida, y Edipo entra en la ciudad liberada de su maldición. Allí la reina Yocasta, viuda del rey Layo, recientemente desaparecido, decide casarse con el salvador de la ciudad. De él tendrá una prole nefanda: dos hijas, Antígona e Ismene, y dos hijos, Eteocles y Polinices. Así se había cumplido la profecía. Y Edipo acaba matando a su propio padre, se casa con su madre y tiene de ella cuatro hijos que a la vez son sus hermanos.

La maldición de esta familia continuó con el fin aciago de los hijos de Edipo.

bruno16por Bruno Sepulveda Morales

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