Logoítas de todas las especies: Alumnos de quinto y sexto de preparatoria visitan la exposición de Darwin

Por José Emilio González (5o de Preparatoria)

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Alumnos de quinto y sexto de preparatoria visitan la exposición Darwin apto para todas las especies en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. Foto: José Emilio González

La mañana del lunes 15 de septiembre estaba fría. Un Logos semivacío, reflejo de las festividades de la semana. A propósito de la misma, el maestro Ceja había anticipado una salida con los grupos de quinto año a la exposición Darwin apto para todas las especies en el Antiguo Colegio de San Ildefonso. La visita estaba planeada a las diez de la mañana. Poco a poco los alumnos de quinto año de preparatoria fueron llegando a lo largo de las tres horas previas en las que sí hubo clase.

Por fin dieron las diez de la mañana y recibimos la noticia de que algunos compañeros de sexto también acudirían a la visita. Los maestros que acompañarían a los alumnos serían Violeta, Kurt, y Pedro Pablo, de inglés, biología, y literatura, respectivamente. Ceja reunió a todos, leyó las instrucciones, y se aseguró que no faltara nadie. Y así todos caminaron hacia el metro Coyoacán y lo poblaron por completo: un trasbordo en Hidalgo, la parada en Allende, y unos pasos después, en el marco de banderas tricolores, larga fila de Logoítas pobló San Ildefonso.

 

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Logoítas poblando la estación de metro Coyoacán. Foto: José Emilio González
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La alegría y un espíritu festivo en los vagones del metro. Foto: José Emilio González

Había una larga fila para entrar. Esto causó la molestia de algunos, pero más de uno comentó que eso no era nada, que las filas podían durar hasta tres horas. Poco a poco avanzamos, y luego de una media hora todos teníamos boletos en mano. El buen humor no faltó y la preocupación de los maestros los llevaba a llamar y avisar a la gente de la escuela.

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La larga fila para adquirir boletos para la exposición. Foto: José Emilio González

Ceja nos volvió a reunir. Volvió a pasar lista. Y a dar indicaciones. A la una y media tendríamos que estar en ese mismo punto, había poco más de una hora para disfrutar de la exposición. De pronto sonó la alarma sísmica, al parecer no temblaba, pero todos los visitantes del Antiguo Colegio desalojaron las instalaciones de éste y se reunieron con desconcierto en el patio.

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Ceja y Violeta dando indicaciones y asegurándose que todos estuvieran presentes. Foto: José Emilio González

 

Era tiempo de entrar a la exposición. Luego del pánico nos dirigimos a observar a Darwin. Largos y repetitivos textos, aptos para todas las especies sobre la vida del naturalista inglés. Esculturas de animales, animales disecados, e inclusive animales vivos. Réplicas de los documentos del biólogo inglés, martillos de geólogo y una proyección. Mucha gente apachurrándose, contemplando, tomando fotos y padres resolviendo cuestionarios a sus hijos.

 

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Réplica de una tortuga. Foto: José Emilio González
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En la exposición podían verse ejemplares vivos, como este camaleón. Foto: José Emilio González

El desencanto logoíta fue inmediato. Muchos se salieron rápidamente, otros terminaron la exposición de reojo, otros sí la terminaron sólo para hacer su crítica negativa más argumentada. Llenamos la cafetería del Colegio, y a pesar de los precios elevados se consumió de todo lo que había en ésta porque las penas con pan son más llevaderas.

Llegó la una y media. Nos reunimos y nos encaminamos al metro. A pesar de la rotunda y colectiva decepción, la alegría y entusiasmo de los preparatorianos no cesó. Se repitió el mismo trayecto que en la ida, ésta vez más pesado, el cansancio se hacía notar. De nuevo estábamos en la escuela, de nuevo se repitió el protocolo de la lista. Eran las tres de la tarde, Ceja bromeaba con que debíamos de entrar a clases. Lo cierto es que una vez verificada la presencia de todos, nos dejó ir.

La exposición no cumplió con nuestras expectativas. Pero eso no quitó el placer de convivir como generación fuera de la escuela.

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