Mi cuento de cómo se inventó el deporte

Por Juan Pablo López Escamilla

Hace mucho tiempo, cuando los Olmecas dominaban Mesoamérica, había una pequeña tribu, de las últimas que quedaban y en ella había un hombre llamado Delporte, un hombre muy veloz, fuerte, inteligente y hábil, simplemente el mejor de la tribu. Esto despertaba los celos de los demás integrantes de la tribu.

Una noche cuando todos se fueron a dormir los otros planearon su plan muy detalladamente para dejar a Delporte quien jamás sospecho nada. Los otros no lo podían matar porque Delporte era más fuerte, pero porque no dejarlo mientras dormía, mientras estuviera desprevenido. Pasaron las horas de la noche, todos dormían pero sólo había alguien despierto, una persona que cuando llegara el momento les avisaría a los demás que era hora de irse, despertaría a todos silenciosamente, a todos excepto a Delporte. Llegó el alba, era la hora, despertó a todos con mucho silencio guardaron todo y se fueron dejando a Delporte durmiendo solo. Cuando despertó se dió cuenta que lo habían dejando a propósito, no se molestaría en buscarlos porque lo volverían a dejar, tal vez tratarían de matarlo, pero en ese instante recordó que había escuchado de una gran civilización que hacía grandes cabezas de piedra, ¿porqué no trato de encontrarlos? pensó, pero también sabía que sería difícil vivir solo. 

Los buscó durante 2 años, en ese tiempo tuvo que cazar él solo, tuvo que defenderse él solo, todo eso lo hizo aún más fuerte, veloz y hábil que antes. En la tarde por fin vio lo que buscó durante ese par de años, una cabeza de piedra. En la mañana vio una ciudad, subió a un árbol para ver si era prudente entrar a la ciudad, después de analizarlo bien consideró que si era buena idea entrar, saltó del árbol a la ciudad, cuando aterrizó las personas empezaron a gritar que venía del cielo, eso llamó la atención del gobernante, cuando llegó le propuso algo: “has algo para sorprenderme, si me sorprendes te dejo vivir aquí, si no lo logras te mato” Delporte acepto e hizo lo que mejor sabía hacer, cargar cosas pesadas, brincar muy alto y cazó tantos animales que al final el gobernante comió como nunca, al final el gobernante le dijo: “desafío superado, pero si tu vienes del cielo como me dicen, ¡eres un dios!, ¿cómo te llamas?” “Me llamo Delporte” “Deporte, he aquí el dios del deporte, el dios de la habilidad motriz, ahora a esto le llamaremos deporte en honor a su nombre” “Delporte es mi nombre, no Deporte” “si, si por eso Deporte”.

Al final se quedó deporte y Delporte vivió feliz con los Olmecas.

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